Era de noche, iba caminando barranca abajo y llegué al muelle en busca de paz.
Eso sentí con la frescura del agua del río, con el vuelo de los pájaros nocturnos.
Mirando el cielo veo las estrellas como luces plateadas, esas pequeñas luces dispersas en el infinito me transformó en un ser que puede brillar y guiar a otro ser que sufre las tormentas de la vida y borrar la negra idea de la muerte, llevar un alivio.
Seguiré mirando el río que corre y nunca se detiene y da vida como nuestra sangre en nuestro cuerpo.
SARA FLORENTÏN
Abuela Sustituta
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